En pocs anys van assolir fama i un gran prestigi, i van actuar, a més de a Barcelona, a Madrid, i a la inauguració del
(1921, aquí hi tocaven tots els estius), a França, Holanda i Alemanya.
Identifico, amb moltes reserves, d'esquerra a dreta: Gustau Nicolau, Santiago Margenat, Enrique Sanz, Ramon Domínguez, Jenaro Oltra, Andreu Mogas i Joan Duran.
Aquesta foto, ara ja en formació de nonet, no té gaire qualitat; identifico, amb reserves, de la següent manera:
Darrere: Isidre Paulí (jazzband), Ramon Domínguez (contrabaix), Joan Duran (piano) i Gustau Nicolau (violí)
Davant: Jenaro Oltra (saxo tenor), Andreu Mogas (banjo), Miquel Alfonso (violí), Enrique Sanz (bandoneó) i Santiago Margenat (violoncel).
Es pot escoltar un parell de peces enregistrades l'any 1927 per l'
Orquestra Nic-Fusly en
aquest enllac.
Pot ser que hi hagi algun nom intercanviat, però els músics que componen aquest nonet són els aquí exposats. La foto l'extrec d'una entrevista no exempta d'humor que els hi va fer l'escriptor i periodista Antonio Cases (
diari Heraldo de Madrid, pàgina 2 de la seva edició de 21 de Novembre de 1922). Pel seu valor històric i documental la transcric, sense corregir l'ortografia:
LOS NIC-FUSLY
LA ORQUESTA DE LOS GRANDES SOLISTAS
Aprovechando un descanso, los profesores de esta admirable orquesta relatan su pintoresca vida, que guía sólo el ideal de crear Arte.
Andrés Mogas. —Yo, como usted ve, toco la viola y la flauta de vara, es decir, que de todos estos compañeros, yo soy el más hombre, porque imito la voz humana.
Enrique Sanz.—Protesto en nombre de la colectividad.
Mogas. — Las protestas para los notarios.
Nicolau. — (Es el director. Dirigiéndose a Sanz.) Tú, a callar, porque si no, nos apedrea con otro chiste.
Mogas. —(Mirando triunfador en torno de sí.) Sigo. Fui concertista, y como tal inauguré en Barcelona el Círculo Gracienc, dando un concierto de violín que toda la Prensa elogió. Con el cuarteto La Asociación di dos conciertos mensuales en la Sala Mozart durante dos años. He sido profesor de la Escuela Marcet y de la Casa de Caridad. ¿Está bien todo esto con veintiséis años que tengo? Una usted que soy bajo de estatura y que siempre estoy alegre. Siendo un mozo como soy de este barítono, y no digo de este tenor porque eso está muy gastado y además tengo la voz ronca ...
Durán. —¿Pero cómo pruebas lo que dices?
Mogas. —Lo pruebo y lo como.
Enrique Sanz. —Yo toco el violín, viola, tubofón y jaz ban. En la orquesta sólo me encargo de la viola y del bandoneón, un instrumento con el que he recorrido el mundo. Aquí en Madrid dí hace catorce años, en la Zarzuela, un concierto con el bandoneón, llamando la atención de tal modo, que la infanta Isabel requirió en Palacio mi presencia. Deshice la orquesta que yo dirigía en el Palace de Barcelona sólo por formar parte de ésta.
Todos. —¡Muchas gracias!
Sanz. —¿Me dejáis seguir? Aquellos acogían con placer lo que vosotros hacíais, porque nada sabíais hacer que no les viniese de molde a ellos para reirse de vosotros, fastidiándonos a nosotros lo mismo que a vosotros los que nos aburrías a nosotros, por no pensar como vosotros, cuál si dependiera de nosotros...
Todos. —¡Se ha vuelto loco!
Sanz. —Soy también compositor y autor de las obras «El bancalico», «El niño de Córdoba», «La perfídia de la Encarna», «Tenorio de sangre azul», ésta en tres actos, y no he estrenado ninguna en Madrid, y éso que dicen que el teatro lírico está en decadencia. Tengo editadas innumerables obras para toda clase de instrumentos y para canto. Y hago en la orquesta todos los arreglos musicales. Esto sentado...
Nicolau (imperativo). —¡Que se siente!
Sanz (sentado ya). —Aprendí música a escondidas de la familia, ¡y con qué trabajo! Ante un acordeón de cuatro pesetas, pensé en modificarlo, creía que admitía reforma, y a los seis años logré dar con el magnífico instrumento que poseo, y para lo cual traje todo el material de Alemania. ¡Sólo yo lo toco en el mundo! He conseguido sacar el sonido antipático del acordeón y aproximarlo, dándole un sonido más dulce que el del órgano. Ya ve usted, en una época en que lo que no se falsea se falsifica, yo...
Nicolau (Hay que insistir en que es el director). —Tú, no filosofes.
Juan Durán. —¡Yo soy el hombre del ruido! Tengo a mi cargo cuarenta instrumentos que aplico a las obras, sin que ninguno de ellos tenga papel. Y no crea usted que hago lo que quiero, porque yo a cada obra le doy siempre los mismos ruídos, que confío a la memoria. Soy también compositor, y en Cataluña, casi todos los artistas de varietés llevan repertorio mío. En colaboración con el periodista Amichatis [
Josep Amich i Bert "Amichatis"], he estrenado con éxito en el Teatro Nuevo revistas que he musicado. Soy hijo de compositor. Mi padre era el autor predilecto de casi todas las masas corales catalanas, y los Coros Clavé cantaban obras de él. Antes me dedicaba a compositor sólo; pero al formarse la orquesta me uní a ellos para correr mundo, pero como usted ve, entre todos no hay uno serio, todos son peores, y entre unos y otros me quedo con los primeros.
Mogas. —Ese chiste es muy malo.
Nicolau (muy serio). —Se empeñó en no decirlo como se debe decir, y se ha salido con la suya.
Durán.—Yo me uní a ellos con la condición de que hiciesen buena música, no el jaz-ban, que me sabe a perros. Mi ruído no es el de molestar, sino el de dar un aspecto típico a lo que mis compañeros interpretan. Por ejemplo, en «Albéniz» [van ser els primers en enregistrar música d'
Isaac Albéniz passada pel filtre d'una orquestrina de jazz] vienen muy bien unos golpes de castañuelas, y en los poemas religiosos, campanadas, armonium, la lira, la celeste[a].
Nicolau (siempre serio). —¡Ah! ¡Ah! Este no dejaría de ser ingenioso... si tuviese ingenio.
Ramón Domínguez. —Yo tocaba antes la trompa, y como era muy estudioso, se me partió el labio superior. Y esto si que no es chiste. Me arregló el defecto un cirujano; pero apenas podía dar notas agudas, y como no podía ser así un primer trompa, me agarré al contrabajo. Antes me habían recomendado a una eminencia de la cirujía que acababa de hacer una cura prodigiosa en un enfermo que se le murió durante la operación, y cuando ponían en duda su ciencia por ese fracaso, respondía: «Señores, este enfermo murió cuando ya estaba curado.»
Nicolau. —Seriedad, ¿eh? Seriedad.
Sanz. —Hay que ser formales.
Domínguez. —El contrabajo es lo que toco en la orquesta, y es muy difícil salir airoso aquí, porque el conjunto de mis compañeros es admirable, y como el mío es instrumento de unión en orquestas poco completas, la labor así es más ardúa. He estado seis años viajando en barcos de la Trasatlántica ...
Durán. —¡Habrás visto la mar ... de sitios!
Domínguez. —Me lo dejé todo por ir con esta orquesta ...
Todos. —¡Muchas gracias!
Domínguez. —Y he dado conciertos de contrabajo, acompañado del piano.
Isidro Paulí. —Soy el pianista, y entre Nicolau y yo hemos formado la orquesta. Ocupo el cargo de segundo director, y tengo hecho un repertorio que me deja muy satisfecho. Estuve seis meses alejado de «mi orquesta», y han sido los peores de mi vida. Me compensaba, el servir en aquellos momentos a la patria. Esto sirve para decirle ...
Sanz. —¡Tú, que ahora ya no estás en el cuartel!
Todos. —¡Que hable el director!
Gustavo Nicolau (es la figura de la orquesta, el alma de ella).— Soy hijo del maestro Nicolau [
Antoni Nicolau i Parera], que era director de la Escuela Municipal [
Escola Municipal de Música de Barcelona]. Él dió a conocer, en Barcelona, las sinfonías de Beethoven. Fuí concertista de violín, y gané premios y laureles. Sin embargo, me seducía la idea de formar una orquesta. ¡Y la he formado! Hace dos años nos trajo a Madrid un catalán protector del arte, D. Joaquín Llobet, para inaugurar Fornos [
Fornos Palace]. Al principio nos entró mucho miedo: pero es tan bueno el público de Madrid ... Nosotros, excepción hecha de una salida que hicimos este verano a las playas del norte, nos quedamos aquí para siempre. Nos escriben desde los Estados Unidos, Niza, París, ofreciéndonos fabulosos contratos, y, sobre todo, desde Londres ...
Mogas. —Y no vamos a Londres porque, aunque la «onza» pesa menos que la «libra», en España la «onza» vale más.
Todos. — ¡Oh!
Miguel Alfonso. —Yo soy el violín segundo. Era antes el violín concertino del Principal, de Barcelona, y vine de «ripiano» [músic secundari]. Estoy encantado, porque una organización musical como ésta no existe en ninguna parte. Como cada uno tiene aquí un cargo, yo soy cajero. Aprendí en la Escuela Municipal, y desde muy niño tuve que desistir, porque mi familia necesitaba de mis trabajos. De todos los hermanos, yo era el mayor, y me impuse la obligación de atenderlos. Cuando estuve en condiciones de ganarme la vida con el instrumento, ingresé en una orquesta y me ayudé con bailes, misas, bodas. Fui a una escuela a aprender matemáticas, y cuando oí que a uno le preguntaban: «Una pava costó treinta mil duros; cada treinta mil años ponía un huevo: cada tres mil huevos valían una peseta. ¿Cuántos años tendría que vivir la pava para dar lo que había costado?», eché a correr, y todavía me están esperando.
Jenaro Oltra. —Soy saxofón y clarinete de las Bandas municipales de Barcelona y Madrid, y vivía en un pueblo que no tenía mar. A eso debo ser músico. Un día mi tía me dijo: «Mira., pequeño; los médicos dicen que te convienen las aguas minerales. Vete a un puerto de mar, y remójate lo que quieras».
Santiago Margenat. —Soy el violoncello, y no me considero con méritos hasta que no reúna dos mil duros, que son los necesarios para que a uno lo tengan por persona decente. ¡Para ser persona decente me faltan nueve mil pesetas!
Nicolau. —¡Ya lo ve usted! Estos somos nosotros. Nueve amadores del arte, a quienes no guía más afán que el del perfeccionar las orquestas. Ignoro si somos mejores o peores que los demás; pero nuestros sueldos eran desconocidos hasta ahora ... Además, en nosotros hay un mérito que debo realzar, y es que cada uno de los componentes fuimos solistas y concertistas antes de entrar en una orquesta. Buscamos la perfección del conjunto después de haber soñado en ser grandes y en recorrer el mundo envueltos en gloria, como lo visitan los solistas. Entre la alegria que nos acompaña siempre, destaca la añoranza por ese ideal de fama y popularidad ... ¡En fin! La orquesta está organizada como si fuera un Consejo de ministros, pues cada uno tiene su cargo.
El negro [?]. —Yo soy el ministro de Trabajo: barro, limpio, traslado los papeles. Voy con la orquesta a todas partes. ¡Quiero ser músico!
Durán. —Cuando la orquesta toca, el negro lleva el compás con el pie, y
Nicolau, muy serio y haciendo un aparte, le dice: «Mira, Alberto Luis, que te vas a romper las botas».
Nicolau. —¡Saldrá músico! Todos queremos enseñarle nuestros instrumentos; pero él en el que más se fija es en el del ruído, porque es al único que nadie le dice nada, y toca el instrumento que le da la gana. Pero éste se especializará en aires regionales: seguidillas, jotas y otros aires muy sanos para los enfermos de hipocondría.
Todos. —¡Oh!
Nicolau (imitando el vuelo de un ave). — Ts, ts, (Se ha impuesto el silencio). Venga, que ya hemos estado mucho tiempo hablando y hay que cumplir con el deber. ¡Niños, a tocar!
Antonio CASES
Any 1927 (aproximadament)
Si algú vol comprar aquest disc de pissarra on van enregistrar Alabama Jubilee, ho pot fer en
aquest enllaç, que és d'on extrec la imatge.
Mentrestant, si us ve bé d'escoltar aquest
one-step de George S. Cobb & James C. Mc Cabe ho podeu fer
aquí.
A principis de 1939 encara actuaven amb el nom de
The Nic-Fusly's Band, però un cop consolidat el nou règim franquista els noms estrangers estaven prohibits, de manera que van continuar un parell d'anys més amb el nom d'
Orquestra Nicolau. A partir de 1941 no en trobo més notícies.